Historias fragmentadas, narraciones intermitentes.
Fragmento del texto de Alicia Murria para el catalogo de Certamen de Artes Plásticas 2007 CajaSol.
No es frecuente escuchar a un artista, en la frontera de la treintena, citar a Eugenio D'Ors, aunque sea por boca autobiográfica de Luís Buñuel; aquello de "lo que no es tradición es plagio" no parece encajar en los parámetros y modos actuales. Para Ramón David Morales, sin embargo, resulta imprescindible asentar el conocimiento sobre lo ya dicho y lo ya hecho para no caer en el abismo de la impostura.
Morales declara su interés por los géneros del paisaje y el bodegón, por las formas de representación a través del arte y su historia, adoptando una manera de trabajar que él mismo califica como cercana a la del dj, que corta y pega sirviéndose de un amplio repertorio de medios sin jerarquía, donde la misma importancia se concede al pincel que al ordenador, al óleo que al Photoshop.
Curiosamente, la primera impresión frente a una pieza aislada de RDM, pongamos por caso algunas de sus pequeñas escultura (para las cuales utiliza, por cierto, el poco frecuente material de la cerámica y que reproducen montañas, troncos de árboles, carreteras, cascadas o una tienda de campaña a escala mínima), el espectador poco avisado bien podría pensar que sus recursos, tantos conceptuales como técnico, pertenecen a un orden, digamos, precario. Sin embargo seria una apreciación equivoca. Esa simplicidad formal es un mecanismo que adopta para abordar asuntos de calado como, por ejemplo, la sustitución de la experiencia de lo real.
Los cambios acelerados de nuestro presente imponen un tipo de conocimiento a través de los medios de comunicación que bajo un aspecto de pluralidad y pasividad nunca antes conocido (hiperen?informacion) consiguen el fenómeno contrario, una especie de barniz, de sensación de conocimiento que en realidad esconde pura y dura acultaración. Creemos conocer el mundo sin movernos de la pantalla del ordenador conectado a la red o sentados frente a un televisor con infinidad de canales a nuestra disposición; el mundo se encuentra al alcance de la mano pero a través de una experiencia tan empobrecida como arrogante.
Cuando Morales coloca entre esos mínimos elementos paisajísticos la reproducción de una valla publicitaria, de esas que estamos acostumbrados a ver cuando circulamos por cualquier autopista, anunciando promociones inmobiliarias, donde él ha escrito: "Próxima construcción de montañas", o cuando reproduce un fragmento de carretera, que es en realidad una cinta mecánica que no lleva a ninguna parte, está hablando desde la ironía de ese universo enloquecido donde las playas paradisíacas pasan a ser copias y escenografia en el interior de nuevas urbanizaciones y los grandes viajes se hacen a través de Internet.