Ojo pinta
Mi padre es agricultor y, cuando llega el verano, alterno la pintura con las herramientas del campo. A veinticinco kilómetros de Sevilla, en El Viar, mi pueblo, cultivamos una parcela de ocho hectáreas: sembramos algodón, maíz y un mínimo y efectivo huerto. Precisamente, este proyecto relata la cultura rural; el perfecto mestizaje entre tradición y modernidad. Transitamos en esa esfera donde el agricultor relaciona todos los elementos de la naturaleza, amoldado al ritmo de la vida y su tempo, a la extensión biológica del arte y la vida. El campo es el paraíso que ansía el nuevo Hombre, incapaz de abandonar la metrópolis si no es domingo, puente o festivo. Paradójicamente, la agricultura está en crisis desde antes de esta crisis, sin embargo, todo el mundo quiere un banquete infinito de comida ecológica. Sin agricultores no hay comida, dice la pancarta de los trabajadores del campo por las grandes avenidas de la ciudad.